Tal vez por estas razones, la estrecha vinculación existente entre industrialización y desarrollo económico haya dado pie a que todas las naciones traten de industrializarse, haciéndolo muchas veces a cualquier coste y aún a expensas de los demás sectores; no en vano a los países de mayor nivel de vida se les denomina desarrollados o industrializados. El proceso de industrialización, como tantos otros aspectos del desarrollo, constituye un proceso lento y complejo de la realidad económica de nuestro tiempo. El grado o intensidad en que pueda satisfacer las expectativas esperadas de su puesta en marcha depende, sobre todo, de las estrategias y políticas adoptadas por la autoridad económica, así como de la eficaz programación de los objetivos deseados, los cuales son a su vez un elemento fundamental en la estrategia del crecimiento del país.
Vamos a examinar la realidad de la política industrial española entendida como un conjunto de directrices y decisiones encaminadas a la satisfacción de las necesidades y a la solución de la compleja problemática de nuestro sector secundario. Dicho examen se hará desde una doble perspectiva:
1) Política Industrial General (común a todos los sectores).
- Fortalecimiento dimensional de las empresas.
- Reducida capacidad financiera.
- Nivel tecnológico.
Con respecto a las medidas de Política Industrial General vamos a referirnos a las que afectan a la reducida dimensión de las empresas industriales, a la corrección de su inadecuada capacidad financiera y a la elevación de su escaso nivel tecnológico.
Las medidas de Política Sectorial van orientadas, fundamentalmente, al saneamiento de la industria básica, a la potenciación de los recursos naturales y a la consecución del equilibrio en la balanza comercial de productos industriales.










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