- La disponibilidad de medios de pago exteriores.
- La incorporación de tecnologías basadas en el petróleo.
Esto provocó la caída en las producciones y el cierre de minas.
Para evitarlo, se produjo:
- la entrada del sector público en la minería de la hulla (HUNOSA).
- el apoyo de las centrales térmicas del I.N.I. (ENDESA) a los menudos de antracita y lignito.
Con todo esto, aparte de la producción nacional, también se necesitaron importaciones. A este efecto, en el año 1981, el I.N.I. forma la Sociedad Española de Carbón Exterior (CARBOEX), con participación de HUNOSA, ENCASUR, y ENPETROL, a fin de activar las importaciones, llegando incluso a tomar participaciones en minas en el extranjero. Por otro lado, la iniciativa privada creó otra empresa, APROCAR, con fines análogos.
Los puertos seleccionados para la entrada del carbón importado resultaron ser:
- Gijón.
- Algeciras.
- Carboneras.
Con la reconversión del carbón todavía por realizar, en el año 1986, como paliativo de las crecientes dificultades, empezó a generalizarse el nuevo sistema de contratación de carbones térmicos, mas conocido como Plan de Carbones.
Así, las patronales del carbón y de la electricidad (CARBUNIÓN y UNESA) firmaron un acuerdo estableciendo métodos para el fomento de las minas, que realmente tengan mayores posibilidades de competir de cara al futuro, bajo las exigencias comunitarias de liberalización progresiva, con dos tipos de contratos:
- Acogiéndose al denominado precio de referencia.
- Conforme al régimen de mercado libre.
- 3,2 millones de Tm de carbón lavado.
- Una plantilla de 18.500 trabajadores.
- Autogeneración de electricidad para usos propios, con combustible residual.
- Creación de una empresa mixta entre el Principado de Asturias y HUNOSA, a fin de promover nuevas iniciativas de inversión y empleo.
La Comunidad Económica Europea fue aceptando las subvenciones derivadas de todos estos acuerdos, pero condicionando el visto bueno a que España presentase, antes de julio de 1990, un plan de racionalización y reconversión, para acabar, de una vez por todas, con las ayudas al sector el 1 de enero de 1993.
Por todo esto, en 1989, el sector del carbón hizo público un esbozo de un plan de reconversión mucho más drástico que el Plan de Futuro y el Contrato-programa.
No obstante, pese a los ajustes realizados aún persiste una total dependencia financiera.










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