8.5.10

Política agraria: Sistema tradicional

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Se basa en una mano de obra barata, abundante, poco cualificada y pocas alternativas de empleo fuera de la agricultura. Existen dificultades para la introducción de "modernos factores de producción" tanto físicos como humanos. Demanda de productos agrícolas típica de un país de baja renta per cápita. Existe abundancia de minifundios y latifundios.

La única tensión interna de este sistema es el deseo de división de los latifundios por parte del proletariado agrícola. El único intento serio de reparto se hace en la II República. La emigración de la mano de obra en la pequeña parte en que se produce sirve de válvula de escape para mantener el sistema.

Se puede montar un modelo de producción agraria con cinco factores y analizar la elección de factores se realizará una agricultura con las características citadas. Estos cinco factores: tierra, trabajo, capital humano, capital físico ( sustitutivo del trabajo = tractores) y capital (sustitutivo de tierra = fertilizantes).

El modelo se puede aplicar separadamente al caso de minifundio y latifundio.

El minifundio tiene escasez de tierra para una buena combinación de factores. La tierra es muy cara, por razones de prestigio y por consideraciones psicológicas ya que las fincas en determinados extractos sociales no sólo se consideran bienes de inversión sino bienes de consumo. A menudo entre el minifundista y su familia sobra mano de obra, y quizá la productividad marginal de la última hora de trabajo sea muy baja. El minifundista cultiva la tierra aplicando el trabajo en forma intensiva e incluso si le es posible coltuvará en aparcería o arrendamiento otras tierras para aplicar la mano de obra sobrante. No le interesa sustituir la mano de obra por maquinaria, ya que económicamente no sería lógico y además sería poco rentable por lo limitado de sus parcelas. Su capital humano es muy pequeño y las posibilidades de ampliarlo mínimas en una sociedad que dedicaba un pequeñísimo porcentaje de su renta a la educación dentro de la cual los más perjudicados eran los campesinos.

La falta de capital humano fue una de las causas de la falta de abonado y selección de semillas e incrementó el carácter tradicional y monótono de la función de producción. Claro está que la falta de agua hace menos rentable el abonado, pero aún así se habrían obtenido mejores producciones incluso en el secano. En general, sus precios eran elevados y el labrador prefería aplicar la mano de obra en ciertas operaciones que incrementan la fertilidad de las tierras al empleo del abonado. De todas formas la falta de abonado es el punto más débil para la defensa del sistema aunque sea lógica consecuencia de la escasez de fondos invertibles y de la falta de preparación (capital humano).

El latifundista, por el contrario, tenía abundancia de tierras lo que le lleva a una combinación más idónea de los factores tierra - maquinaria, pero teniendo en cuenta los precios de la mano de obra en relación con los de la maquinaria prefiere la aplicación de técnicas intensivas en mano de obra.

Por otro lado el empleo de la maquinaria habría incrementado el paro agrícola y la tensión social. Además pensando con lógica, en el latifundio se practica el régimen de aparcería o arrendamiento, técnicas éstas que pueden maximizar la productividad a corto plazo, con condiciones de producción dadas, por el mayor incremento de trabajo que suponen, pero no a largo plazo, dado que implican un desincentivo para la introducción de mejoras tecnológicas.

El arrendatario no suele tener fondos para introducir modernos factores de producción además de que el pago del arrendamiento disminuye la relación beneficio / inversión. La situación del aparcero es peor, pues tiene que pagar al propietario un porcentaje del producto obtenido y el ratio beneficio / inversión empeora más que en el caso anterior.

El propietario de las fincas tiene mayores posibilidades de fondos e incluso mayor capital humano, pero en el caso del arrendamiento a renta fija, le son indiferentes las mejoras técnicas y si la tierra es cultivada en régimen de aparcería, disminuye la relación beneficio / inversión en comparación a la situación del propietario cultivador directo. En teoría, podría existir una cooperación entre el agricultor y el cultivador para introducir mejoras, pero la propia dejadez del propietario absentista unida al posible carácter tradicional del cultivador, dificulta esta colaboración.

En resumen, en el modelo de producción tradicional, el comportamiento tanto del minifundista como del latifundista es económicamente más coherente de lo que se ha venido argumentando. Extraña, en todo caso, el bajo grado de abonado en el minifundio y la no introducción de ciertos modernos inputs y factores de producción no sustitutivos de mano de obra en el latifundio, debido, entre otras razones, al sistema institucional de absentismo y aparcería o arrendamiento.

Esta estructura entra en crisis debido al rápido desarrollo de la industria y de los servicios en la década de los sesenta, que provoca una gran aceleración en la emigración. La mano de obra deja de ser abundante y su precio sube. Como consecuencia del incremento en el nivel de vida y de la nueva estructura de la población se cambian los hábitos del consumo y se pasa del producto genérico al tipificado.

Habría dos maneras de hacer frente a la nueva situación: una, "apuntalar", e intentar sostener el sistema tradicional; otra, aceptar la crisis y ayudar a su transformación.

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