Fue en 1973 cuando se produjo el golpe decisivo que precipitó la economía occidental hacia una dinámica de recesión e inflación generalizadas y fue ese el momento en que las economías occidentales empezaron a pensar que no se podían continuar aplicando las mismas medidas de política económica. Hasta entonces los tratamientos que se habían venido realizando ante las distintas crisis habían sido principalmente actuaciones sobre la demanda agregada, tendentes a un incentivo continuado de la capacidad de gasto, mientras que desde aquellas fechas cabe decir que la demanda apenas influye sobre los distintos elementos que integran la oferta industrial. Por ello puede decirse que la crisis económica es una crisis estructural del aparato productivo industrial que no puede solucionarse sólo con medidas macroeconomñomicas.
En definitiva, puede decirse que sobre la empresa inciden dos tipos de problemas que configuran la grave crisis industrial vigente que son:
a) Problemas relativos al mercado.
Una falta de demanda en el mercado, que, además, no acepta una buena parte de los productos industriales ofertados debido a su grado de obsolescencia, originándose en consecuencia fuertes excedentes de capacidades de producción.
b)Problemas relativos a la estructura industrial.
Crisis estructural de la industrial, que hace que ésta presente serios problemas de competitividad como consecuencia de:
- Fuertes incrementos en el coste de las materias primas energéticas. En este tema, el mundo se ha dividido en dos frentes, el de los países exportadores de petróleo, que coinciden con áreas de poco desarrollo industrial y el de los fuertes importadores, que se identifican, en general, con los países muy desarrollados. La estrategia de los primeros ha consistido en una primera fase, en nacionalizar la producción de crudo y crear una psicosis de escasez, multiplicando su valor por veinte. El incremento del valor del crudo en veinte veces plantea a los países consumidores un problema de balanza de pagos, que ha paralizado el crecimiento económico y, en ciertos casos y países, ha producido recesiones en términos reales. Nacionalizada la producción de crudo y aumentando en veinte veces su precio, los países productores y exportadores de petróleo han iniciado otra estrategia consistente en transformar el crudo en productos químicos de cabecera, es difícil y requiere equipos, técnicas, y personal de países desarrollados, resulta más cara su fabricación en los países exportadores de petróleo, por lo que estos recurren a valorar los productos petrolíferos, que transforman, a precios inferiores a los de mercado. Esta estrategia acrecienta el problema de las compañías petrolíferas y petroquímicas de los países consumidores, pues no hay competencia posible con quien puede fijarse a sí mismo un precio del crudo artificialmente bajo e inferior al del mercado libre. Es curioso observar que países de economía superdesarrollada, como es Estados Unidos, se han aprovechado de esta circunstancia, manteniendo el precio de su energía, mediante el intervencionismo del Estado, por debajo de los precios de mercado y creando un nuevos sistema de dúmping al exportar productos obtenidos con inputs a coste inferior al del mercado libre. Otro aspecto a destacar es el que ha se venido en llamar el dúmping de la mano de obra. También en este sentido el mundo se ha dividido endos frentes, el correspondiente a los países desarrollados con alto nivel salarial y el de las áreas de bajo coste del factor trabajo, que corresponden en general a países de industrialización incipiente. El caso más evidente para mostrar esta nueva situación creada en la pasada década es el sector textil. Una comparación del índice de coste medio de la mano de obra textil indica que, como valor 100 el correspondiente a España, en los países socialmente más avanzados (Alemania, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Austria, países escandinavos, etc.) el valor medio es de 10. Teniendo en cuenta que en los países desarrollados el trabajo representa el 40% del valor de un producto textil, los países de bajo coste de mano de obra pueden tener una ventaja del 30% en el precio de venta. Ello ha motivado en los últimos años un flujo de exportaciones masivas a los países industrializados, con penetraciones de hasta el 30-35% en el mercado interior de estos países, que ha provocado un cierre generalizado de indutrias. En Europa han perdido su puesto de trabajo por este concepto más de un millón de personas. La consecuencia de éstos y otros cambios transcendentales ha sido una ola de recesión económica a nivel mundial, con fuerte aumento de las tasas de inflación, elevación del coste del dinero, incremento del nivel de desempleo, excedentes de capacidad productiva y precios ruinosos en el comercio internacional.
- Inadecuación financiera de la empresa que se manifiesta bien por medio de una continua descapitalización, bien mediante la inexistencia de una política de inversiones, conduciendo a un envejecimiento de los equipos productivos.
- Gestión inadecuada que no ha sabido o podido adaptarse a tiempo al nuevo y difícil entorno económico.
La crisis económica occidental tuvo en España características propias debido a nuestro tardío proceso de industrialización, que comenzó a mediados de la década de los sesenta y que mediante un desarrollo rápido y desordenado pretendió atender un creciente mercado con un fuerte proteccionismo que, si bien al principio favoreció ese desarrollo, posteriormente condujo a sistemas de gestión empresarial inadecuados y, en definitiva, a una falta de competitividad y desarrollo tecnológico.
Las deficiencias estructurales descritas no se pusieron de manifiesto en las épocas de expansión, pero empezaron a dejar sentir sus efectos con la recesión de principios de los setenta, haciéndose necesario buscar soluciones que permitieran un ajuste de la economía. A este necesario ajuste obedece la política de reconversión industrial, que se puso en marcha en los países de la CEE a partir de 1975 y que en España no empieza a tener una concreción formal hasta épocas muy recientes.
Todo lo anterior, y para acabar de enmarcar el problema, debe ser matizado con el cambio estructural que supone el paso de una situación de intervencionismo y protección a ultranza de nuestra industria, a la que se creará con nuestra incorporación al Mercado Común y la consiguiente puesta en competencia de todo nuestro sistema productivo.
"La reconversión industrial no es más que el conjunto de acciones que permiten al sector industrial adaptarse a los cambios del entorno, recuperando la competitividad en un sistema de economía de mercado. En un sentido amplio, la reconversión industrial ha de permitir que el dispositivo industrial quede en condiciones de anticiparse y reaccionar ante las circunstancias económicas y de mercado que se supone estarán vigentes en los próximos años".
La política de reconversión industrial, en su más amplio sentido, se está centrando en España en tres direcciones, dos de las cuales han sido ya acometidas:
- La reconversión energética, es decir, el conjunto de actuaciones de carácter horizontal que hacen frente a los cambios producidos por la crisis energética.
- La reconversión sectorial, es decir, el ajuste de los sectores productivos más afectados por los cambios producidos en las condiciones económicas y con mayor incidencia socioeconómica.
- La reindustrialización o desarrollo de aquellas áreas, sectores o facetas de la economía, que en las nuevas condiciones se presentan como oportunidades para crear riqueza y empleo permitiendo la continuación del crecimiento de la economía española.










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