Todos los factores generales de la crisis, en especial los más característicos, han revestido, en el caso de la economía española, una mayor intensidad y ello ha concedido unas peculiaridades españolas a la crisis que limitan las posibilidades de actuación en la política económica.
- La gran inflación de los 70. Como primer factor está el lanzamiento simultáneo de la demanda mundial a consecuencia de la gran inflación de comienzos de los 70 España vivió con especial intensidad la etapa de inflación de demanda que precede a la crisis y provoca y anticipa su aparición. De 1970 a 1973 cambia el signo deficitario de la balanza de pagos española, lo que unido a la entrada de capitales exteriores aumenta nuestras reservas en dólares hasta 5.800 millones. El aumento de reservas condujo a una elevación progresiva de la cantidad de dinero. Las disposiciones líquidas que a comienzos de 1971 crecían al 20% pasaban al 25% en 1973, mientras el crecimiento del crédito interno lo hacía al 30%. Este desbordamiento del gasto nacional terminó por producir el temido efecto: de una inflación de dos dígitos, característica de los 70 en la que España ingresa en 1973.
- La caída de la relación real de intercambio. La subida de los precios de los productos alimenticios y materias primas agrícolas, dan el primer golpe a la relación real de intercambio que habría gobernado el comercio mundial desde 1951 a 1972. El segundo lo dan las importantes elevaciones de los precios de las materias primas industriales y por último la explosión del precio de la energía. Estos acontecimientos van a revestir especial intensidad en el caso de España, produciendo un efecto mayor que el registrado por otros países europeos en la balanza de pagos. El empobrecimiento impuesto por la relación real de intercambio fue importante, las cifras disponibles, lo estiman entre un 20-25%. El déficit de la balanza comercial se duplicó (de 3.500 a 7.000 millones en 1974) y el de la balanza corriente de un superavir de 500 millones de dólares en 1973 a un déficit de 3.268 millones en 1974 (4% del FNB). En estos dos resultados intervinieron dos hechos distintos: la decisión de compensar en 1974 el alza del precio de los crudos del petróleo con subvenciones y reducciones impositivas, lo que produjo un aumento del 6% en su consumo en 1973 y los efectos de la crisis europea sobre la balanza de servicios (-20% cayeron los ingresos en volumen por turismo en 1974) y de transferencias (-5% en 1974). Como consecuencia de estos, los dos factores fundamentales de la crisis (inflación y déficit exterior) van a entrar en 1975 con valores muy elevados y peligrosos.
- La reacción de los costes y sus consecuencias sobre los excedentes empresariales. La drástica elevación de los precios de alimentos, materias primas y energía define el punto de partida de una aguda inflación de costes. Una estructura económica como la construída durante el auge 1951-72 tiene una debilidad escandalosa, la creciente densidad de los consumos energéticos, la demanda interna de materias primas y productos alimenticios necesarios por todo el proceso de industrialización. Un encarecimiento en los precios de estos bienes se transmite rapidamente en todos los mercados y se registra en los presupuestos de coste de todas las empresas de manera galopante. Esa inflación de costes de productos no se queda en el reducido escenario de los mercados. Los grupos sociales mantienen un comportamiento reivindicativo frente a la subida de precios. La inflación abre a todos los grupos sociales una capacidad potencial de ganancia relativa en sus ingresos. Todos los análisis de la crisis española han destacado el comportamiento sobreindicado de los salarios como una de las causas de la inflación. La peculiar política de rentas aplicada en los comienzos de la crisis ( tasa de crecimiento salarial = tasa de crecimiento de inflación pasado + 2/3 puntos) equivalía a consolidar y amplificar los efectos de la inflación histórica sobreindicando los salarios y llevando su presión sobre los costes, situación que se reforzaba por el aumento de la Seguridad Social. El comportamiento de la productividad y de la renta nacional en términos reales, durante esos años, ha concedido una participación creciente a los salarios en la renta nacional y ha ocasionado una disminución importante de los excedentes empresariales. Con frecuencia esa caída de los beneficios empresariales se contempla con un mecanismo de distribución plausible y progresivo de las rentas en cuanto se corresponde con mayores participaciones de los salarios en el PIB. La caída de la renta real siguiente a la crisis 74-75 y el crecimiento de los salarios reales, marchan acompasados desde el año 1976.
- La crisis del Estado Fiscal. El cuarto factor de la crisis: el déficit estructural del presupuesto no tiene al principio en España un comportamiento tan adverso como en otros países, pero sin embargo en los últimos años 1982 alcanza cuotas preocupantes (0.3%del PNB en 1974 al 6% del PNB en 1982). A partir de 1974 el déficit comienza - con la excepción de 1978 - a elevarse a un ritmo peligroso y poco controlado, llegando el último ejercicio a alcanzar el 6% del PIB. La crisis del Estado Fiscal no se limita al creciente déficit estructural del presupuesto sino que tiene dos ramificaciones: la escasa economicidad con la que el Estado administra sus considerables dimensiones y la aceleración que la estructura de costes del Estado introduce en los procesos inflacionistas. Las grandes dimensiones del sector público hacen irremediablemente más difícil su buena administración. Los gastos totales del sector público en España han pasado entre 1973 y 1982 a representar un 23,3% del PIB a suponer un 34,5% del PIB. El crecimiento relativo de los gastos totales ha superado en casi un 55% el crecimiento relativo del PIB en el período. Dicho crecimiento de gastos de redistribución de renta (6,3 puntos sobre el PIB), y por el crecimiento de gastos de consumo (2,9% sobre el PIB). Perdiendo peso los gastos de inversión (formación bruta de capital fijo y transferencias de capital).
- Crecimiento del sector público versus crecimiento inflación. Los ingresos públicos han aumentado también su participación en el PIB entre 1973 y 1982 en 5,5 puntos de porcentaje. El crecimiento relativo de los ingresos públicos ha superado en casi un 25% el crecimiento relativo del PIB. Este aumento de gastos en empresas públicas ha venido acompañado de un importante elemento inflacionista que se contiene en la estructura de los costes públicos. Ello es debido a que el sector público es un sector incluído en el mundo de los servicios con un empleo relativo del factor trabajo muy superior a la industria y con una productividad menor. Al menos 4 ó 5 puntos de la tasa de inflación durante los últimos años en España ha venido como resultado de los aumentos salariales en la Administración Pública. Crecimiento del sector público y crecimiento inflacionista vienen a convertirse en dos caras del mismo proceso.
- Las crisis sectoriales. El último factor de la crisis actual es el derrumbamiento de sectores productivos enteros cuya explotación no resulta rentable a los precios que determina la concurrencia internacional, y en las cantidades que solicita la demanda, porque sus costes relativos de producción respecto de otros países han hecho imposible la continuidad de su explotación con beneficios. La crisis de estos sectores productivos, a la cabeza de los cuales figuran la siderurgia, la construcción naval, gran parte de los bienes de equipo y sectores determinados dentro de la industria textil, han de enfocarse como crisis de sobrecapacidad o de sobre inversión nacionales, que hacen invitables la práctica de dolorosos procesos de reajuste sectoriales. Las crisis sectoriales se acusan en España en los mismos lugares que Europa, pero con mayor intensidad. La industria, que suponía al comienzo de la crisis el 31,3% del PIB, desciende en 1982 hasta el 28,2%. Por el contrario, los servicios que importaban el 48,8% del PIB pasan al 58,2% en 1982.
- Cambios en la estructura productiva. Ese cambio de la estructura productiva se refleja en una alteración mucho mayor del empleo. La pérdida de puestos de trabajo en la industria durante la crisis supera los 800.000, lo que duplica en números absolutos las pérdidas de FRANCIA y supera en un 80% a las de ITALIA. Desgraciadamente, el proceso de adaptación productiva no puede realizarse con planteamientos simples. El cambio productivo es un proceso complejo con enormes servidumbres temporales. No existen técnicas que restablezcan el equilibroio productivo perdido y mantengan el empleo. Cuando los factores anteriores se combinan con el fin de ofrecer una explicación de la "crisis económica" resulta claro que la caída de la relación real de intercambio empujada por el encarecimiento brutal del petróleo desempeña el papel importante de actuar a todos los restantes factores de la crisis. Dichos factores han producido una consecuencia: cuestionar la continuidad de las formas de producción y de vida que dominaron los años de desarrollo (1960-74/75).










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