La Teoría de la Gestión Financiera tiene por objeto estudiar y resolver la forma en que deben ser tomadas ciertas decisiones por parte de la dirección empresarial. Concretamente las que afectan a la función financiera: montante y estructura de las inversiones, volumen y composición de la financiación.
Pero toda decisión debe ser concebida en el contexto de una finalidad determinada. Es decir, está orientada a la consecución de ciertos logros. Se hace necesario, por tanto, en este punto, establecer el objetivo de la función financiera. Objetivo que al definir metas perseguidas por la organización, habrá de ser considerado como elemento base de los criterios adoptados a la hora de decidir.
Un objetivo considerado tradicional, es la maximización del beneficio. Sin embargo, se le ha reprochado, con razón, su falta de operatividad. En efecto, siguiendo una vez más a AZRA SOLOMON, podemos achacarle los siguientes defectos:
- La maximización del beneficio es un concepto muy vago o ambiguo. El cúmulo de preguntas aclaratorias del concepto, que se nos ocurriría es enorme: ¿a corto plazo o a largo plazo? La consideración de uno y otro tipo de beneficio puede plantear decisiones contradictorias: ¿se trata de la tasa de beneficio, o de su montante?; ¿nos referimos al beneficio del accionariado, o al resultado total del ejercicio?; etc... Evidentemente se pueden eliminar ambigüedades con una definición más precisa o detallada, pero es indudable que al conjunto de decisiones diferirá, en función de la definicion adoptada. Es necesaria, por tanto, otra expresión de finalidad más concreta y a la vez más considerable.
- Otra objeción, quizá más importante, es la que el criterio del beneficio máximo, no permite decidir entre dos tipos de inversión cuyos resultados no difieren más que en su distribución temporal.
- Aún es más grave que el criterio del máximo beneficio máximo, ignora la calidad de los resultados. En un contexto de incertidumbre, ni el montante ni la tasa de beneficio suministran una base eficiente para la elección.
"El valor actual bruto de un proyecto de inversión es igual a la suma de los resultados futuros esperados, actualizados según una tasa que refleje su carácter cierto o incierto. La riqueza o valor actual neto, es la diferencia entre el valor actual bruto y el montante de los capitales necesarios para la realización de los resultados"
FRED WESTON en paralelo con la opinión de SOLOMON, expone cuatro objeciones al criterio de maximización del beneficio:
- La primera crítica es de índole formal. Dado que el futuro es incierto y difícilmente pueden determinarse las leyes de probabilidad a queestán sujetos los posibles rendimientos alternativos, es obvio que no puede maximizarse aquello que no puede saberse. Sin embargo, según el propio WESTON reconoce, esta objeción también puede hacerse al objetivo de maximizar la riqueza. De hecho el problema de tomar decisiones en un entorno de incertidumbre está y debe ser considerado en otro plano. Y así será abordado posteriormente en este trabajo.
- La mayor parte de las decisiones implican un intercambio o elección entre rendimientos esperados y riesgo. Es el caso típico del problema de cartera expuesto por MARKOWITZ. Escribe WESTON: "Característicamente, las oportunidades que prometen la posbilidad de los rendimientos esperados más altos van asociados con mayores riesgos. Para reconocer tal intercambio, se incorpora al análisis el aumento máximo de la riqueza. Si los rendimientos esperados más altos van asociados con mayores riesgos, se aplicaría una tasa de capitalización más elevada a las oportunidades que entrañaran mayor riesgo. La combinación de rendimientos esperados con las variaciones en cuanto el riesgo y tasas de capitalización afines puede expresarse plenamente en el concepto de aumentar al máximo la riqueza y los servicios públicos, pero no el concepto de aumentar al máximo las utilidades o beneficios".
- Como quiera que la incertidumbre no permite depositar confianza en las estimaciones de los rendimientos futuros, el decisor financiero puede conformarse con niveles de satisfacición aceptables según sus necesidades o planteamientos, pero sin que constituyan una búsqueda de máximo u óptimo. Esta es también una objeción común a los dos criterios considerados, que de nuevo nos lleva al concepto de incertidumbre. Con todo, y siempre en función de la información disponible, una conducta racional implicará decisiones optimas. Lo contrario significaría cimentar la función financiera sobre bases subjetivas, impidiendo elaborar una normativa científica.
- Finalmente, la maximización del beneficio parece ser un objetivo demasiado estrecho, en el sentido de ignorar fines sociales, o simplemente por responder a intereses lucrativos particulares que no tienen en cuenta o incluso inciden en importantes costes sociales. Aparentemente, eta crítica también afecta al criterio de maximización de la riqueza, pues no en vano esta responde a su vez a una propiedad o intereses privados. Sin embargo, SOLOMON responde a esta objeción apoyándose en el engranaje del sistema económico, a semejanza de la idea de la "mano invisible" de la Teoría Clásica. Realmente, a pesar de la falta de transparencia derivada de los defectos de la información, es indiscutible que la maximización de la riqueza permite extraer el maximo partido de un conjunto dado de recursos, y en consecuencia el mejor aprovechamiento, o aprovechamiento eficiente de los recursos financieros se conseguirá aumentando al máximo la riqueza (valor de la empresa) sobre la que se protectan. Los objetivos sociales, se manifestarán con datos, limitaciones o restricciones del modelos de maximización, pero en definitiva son constantes delimitadoras procedentes del entorno empresarial que entrarán en los cálculos en forma de costes, pero cuya definición o elección quedará fuera del ámbito de la función financiera.
FUNCIÓN OBJETIVO: max. V = f (I, F, D)
En un contexto de mercado caracterizado por perfección, libertad, transparencia y adecuada concurrencia, el valor empresarial puede deducirse de la cotización de los títulos de propiedad de la empresa. Cuando esas circunstancias no se producen, como ocurre en la generalidad de los casos, la problemática de la valoración empresarial puede complicarse notablemente. Y, sin embargo, abordar esta medición es fundamental, por circunstancias especiales unas veces y en general porque si nuestro objetivo es el aumento de V, difícilmente se podría comprobar la eficacia de unas decisiones sin una posble estimación de esta variable, es decir sin disponer de una adecuado instrumento de medición. Por esta razón, , en una primera fase contemplaremos una síntesis de las técnicas de evaluación de la empresa, para a renglón seguido, estudiar las decisiones óptimas sobre inversión y financiación.










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